sábado, 19 de marzo de 2016

¿Me enseñas tu escritorio?


Hace unos días nuestra compañera María Campra Peláez, en un post que podéis leer aquí, nos enseñaba con detalle el lugar donde escribe y trabaja para su blog. A mí me pareció muy interesante porque creo que el entorno que cada uno se construye a la hora de escribir y donde se supone que está a gusto, dice mucho de la persona.

Por eso se me ha ocurrido, a modo de juego, que podríamos ir mostrando todos nuestros escritorios o el sitio donde más a menudo “traemos al mundo” nuestros textos. Es una forma de conocernos un poquito mejor, ¿no?

Si os parece bien empezaré yo y luego nominaré a cuatro personas para que a su vez nominen a otras cuatro y continúe la ronda.

Yo trabajo en lo que en casa llamamos “el cuarto de estudio”. Después de varias transformaciones lo acondicionamos definitivamente hace unos años para poder poner dos ordenadores de sobremesa, el de mi marido y el mío. La habitación es pequeña y dado que tiene una ventana y un armario empotrado, nos costó bastante encontrar la distribución adecuada para lo que queríamos sin estar agobiados. Después de muchas vueltas, muchas mediciones y muchos viajes a IKea, por fin quedó a nuestro gusto.

Os enseño mi parte (la suya es simétrica a partir de la cajonera central, aunque decorada a su modo, claro). Era la forma de poder estar juntos el mucho tiempo que pasamos en el ordenador pero con cierta intimidad.



Confieso que soy una maniática del orden y que para mí es muy importante que todo tenga un sitio. No he ordenado para la foto, eso está siempre así.

Con la geografía soy un completo desastre, pero me esfuerzo. Por eso elegí para mi escritorio un mapa del mundo. Puede que a base de consultar… Y el teclado, de reciente adquisición, se puede lavar con agua. No es que suela comer o beber mientras escribo, me desconcentra, pero me pareció práctico y como me gusta tanto probar cosas nuevas, no me lo pensé. Aún no me ha hecho falta meterlo debajo del grifo, que conste.


 Como supongo que os pasa a todos vosotros, me encanta rodearme de cosas que me den buen rollo y de colores que me alegren la vista. En ese sentido mi lapicero, comprado en un viaje a Londres, la pajita de la pitufa y los imanes del corcho magnético, son de mis favoritos. Cada vez que vamos a la tienda donde los venden me quedo “enganchada” en el expositor y, como doy mucha pena, me compran uno, ji, ji. Tengo muchos más que no están ahí.



Y puestos a ser prácticos además de estéticos, la ovejita gris (en el corcho) es un temporizador. Todos sabemos que cuando uno está sentado al teclado los minutos pasan mucho más deprisa y las horas son un suspiro. La ovejita me avisa de que debo volver al mundo real a tiempo de evitar que se me pegue la comida, de acudir puntual a una cita o de atender mis obligaciones. Es inflexible, hasta la presente no he conseguido sobornarla nunca.
 

 


Al otro lado de la pantalla está el flexo (casi siempre encendido porque tengo un defectillo de familia en la vista y necesito mucha más luz que los demás para ver bien), el soporte para mis gafas y el móvil si no me lo he dejado olvidado por cualquier rincón de la casa, cosa que sucede con frecuencia.

 
En los cajoncitos guardo el libro de claves para los montones de páginas donde estoy registrada, bolis de muchos colores para escribir según el ánimo del día, pen drives para “traficar” información con mi marido (nos pasamos cosas continuamente), papel de notas para el corcho (sí, soy de notas, muchas notas), etc.

Un organizador para papeles y un bloc para apuntes rápidos o tareas pendientes, a la derecha, completan el conjunto.

Creo que no me dejo nada, ya os he contado todos mis “secretos de escritorio”.

Y ahora me gustaría invitar a hacer lo mismo, si les apetece, a:

*Mila Gómez

*Francisco Moroz

*Chelo

*Chari BR7

Con este post, que espero os haya gustado, me despido de vosotros por un tiempo. Ayer me enteré de que voy a tener visita en casa durante la Semana Santa y unos días después de que acabe, así que no voy a tener mucho tiempo. Vendré a leeros si puedo y si no, en unos días nos reencontramos.

¡¡Que lo paséis muy bien y seáis felices!!

Julia C.