lunes, 9 de mayo de 2016

Malena es nombre de mujer (XVIII)



A pesar de sus esfuerzos por hacer hablar a Marcos la conversación estaba resultando muy poco fluida. El se empeñaba tozudamente en remover un café que hacía rato se había enfriado y ni siquiera probó la generosa porción de tarta que Malena le había servido. De vez en cuando asentía, añadía algún monosílabo como respuesta al discurso de su anfitriona y se quedaba mirándola como si nunca la hubiera visto, con una mezcla de curiosidad y verdadero arrobo. Malena estaba acostumbrada desde muy joven a interpretar las miradas de los hombres y aquellas de su amigo, por primera vez intensas, que parecían clavarse en sus ojos o que recorrían su cuerpo sin disimulo como lava caliente, empezaban a preocuparla.

Intentó interesarle por los pequeños progresos de Elisa, que desde su capazo intervenía en la conversación a su modo, con pequeños gorjeos y pataleos de piernas al aire. Marcos apenas si la miraba; quedaba claro que el tema no le importaba lo más mínimo. Cuando Malena ya lo daba todo por perdido y apenas si le quedaban cosas en común sobre las que charlar, el joven se bebió el café de un trago, con brusquedad, la encaró y le preguntó si echaba de menos a su hermana Gloria. Todas las alarmas de Malena se pusieran al rojo vivo.

Intentó ganar tiempo y le dijo que enseguida hablarían del tema, pero que antes tenía que darle su biberón a la pequeña. El no añadió nada y se dispuso a esperar pacientemente, observando cada movimiento de la joven madre sin perder detalle y sin discreción alguna. Estaba claro que no se daría por vencido ni dejaría su pregunta sin respuesta.

Cuando Malena volvió del dormitorio de dejar a su hija durmiendo, encontró a Marcos de pie en el centro de la habitación; la aguardaba. Apenas la vio aparecer se acercó a ella, tanto que podía oler su aftershave mezclado con el alcohol de su aliento. Sintió un instante de miedo, pero luego se sobrepuso pensando que su amigo necesitaba confianza y no recelos. Procuró que no disminuyera aún más la escasa distancia entre ellos y, apoyando la mano sobre su hombro, lo invitó a sentarse de nuevo. Para entonces Marcos ya no escuchaba más que sus voces interiores y tomando a Malena por la cintura inesperadamente le dijo al fin lo que andaba pensando toda la tarde. “Tú puedes evitarlo todo, yo no quiero tener que hacerlo. Quédate conmigo, sabes que puedo cuidar de ti mejor que Tonio y también que me haré cargo de la mocosa. Por favor, si tú me quieres lo demás no importará, nos iremos lejos, ambos empezaremos de nuevo y dejaremos atrás esta vida terrible que nos ha tocado vivir.”

Malena no daba crédito a lo que estaba oyendo, la extraña declaración de Marcos la pilló totalmente por sorpresa. ¿La mocosa era su querida hija? ¿así se refería a ella? ¿dejar de hacer qué?. Todas esas cuestiones giraban en vertiginosas espirales en la mente de la joven impidiéndole reaccionar, hasta que sintió el abrazo cerrado de Marcos en torno a su cuerpo y un beso rudo y a traición en sus labios. Tenía miedo de él, pero también de alterarle más de lo que ya estaba y no se atrevió a rechazarle. Contuvo la respiración unos instantes de verdadero pánico y después fingió ternura y aceptación de sus palabras. Con mano temblorosa acarició su anguloso rostro e intentó sonreír.

“Está bien, Marcos, hablemos de nuestro futuro. Voy un momento al baño, vuelvo enseguida”.

Aquella decisión la haría llorar tiempo después hasta no tener más lágrimas porque cuando regresó al cabo de unos instantes, algo más tranquila y con una vaga idea de cómo encauzar la situación, ni Marcos ni Elisa estaban ya en el apartamento. Muchas noches soñaría con el zapatito de su hija tirado en el suelo del pequeño recibidor y la cuna vacía. 


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Apenas si tuvo unos minutos para tomar la decisión y, aunque le dolió en lo más hondo e hizo mayor el abismo que lo devoraba por dentro, Marcos tuvo que aceptar que Malena solo estaba interpretando un papel y que en realidad no le quería. Lo vio en sus ojos después de besarla: era miedo y no ternura lo que había en ellos.

Muy bien, si es lo que quería, así sería. Se atendría al plan trazado con Jonás y pasaría los días más terribles de su vida hasta que le devolviera a su hija. Después desaparecería para siempre y empezaría de nuevo lejos de aquel barrio que había sido su hogar tantos años pero que tan terribles recuerdos le traía. Maldita la hora en que aceptó tratos con Tonio para salvar su negocio y cruzó su camino con el suyo y con el de aquella mujer. Pero ya no más.  

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La noticia ocupó la portada de los periódicos locales durante unos días y después, como suele suceder, perdió interés para periodistas y público en general. La vida seguía, o eso suele decirse, pero no para todos por igual. Solo a los afectados les seguía doliendo tanto que apenas si podían respirar. Los padres de la pequeña, y especialmente Malena, hacían verdaderos equilibrios para conservar la cordura en su desesperación; ya nada tenía sentido para ellos, estaban rotos por dentro.

Algún tiempo después y ante lo que parecían indicar todas las evidencias, la policía dio por cerrado el caso; ellos, impotentes, tuvieron que resignarse a dar sepultura a un ataúd vacío.

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A Jonás no le costó demasiado tomar la decisión porque no podía permitirse dejar cabos sueltos o que tiempo después y debido a la debilidad de un muchacho indeciso, todos sus planes se vieran malogrados. Había puesto toda esperanza de futuro en esa niña, su heredera, y la quería para sí. Marcos no era más que un cabo suelto que debía desaparecer para siempre.

Sus hombres se encargaron del asunto bajo detalladas instrucciones y apareció muerto en un coche incendiado a las afueras. Desgraciadamente tuvo un accidente durante su huída tras raptar a la pequeña Elisa y ambos perecieron. Lo más complicado fue encontrar un cadáver de bebé con el que convencer a la policía de que esos, y no otros, eran los hechos.  

Julia C.

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Código 1605097468420
Fecha 09-may-2016 17:51 UTC
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