martes, 3 de mayo de 2016

Pirata del siglo XXI



Mis amigos dicen que soy un pirata del siglo XXI. “Quizás uno de entre muchos, qué os creéis”, les respondo yo.

No, no es que tenga una pata de palo ni un garfio por mano, y tampoco es que me dedique al pillaje surcando mares de azul profundo con un negro sombrero de través cubriendo mi cabeza. No, lo mío es otra cosa, lo mío es ver la realidad con un parche en el ojo, o sea a medias, y eligiendo siempre la mitad que más me gusta. No veo qué tiene de malo y si eso me convierte en objeto de bromas, pues sea.

Antes de ser pirata, como dicen ellos, veía la realidad tal cual, tan cruda y descarnada que a veces me dolía el alma. Usaba los dos ojos y todo el sentido crítico que poseo, que no es poco. Consumía información veraz y contrastada siempre que me lo permitían y hacía de mi búsqueda un deber como persona y como ciudadano. “Hay que implicarse con el entorno histórico y político que a uno le ha tocado vivir”, me decía, “saber es el principio de una auténtica libertad consciente, aunque a veces cueste”, trataba de autoconvencerme. Podríamos decir que vivía volcado hacia afuera, y así gasté años de mi vida. También podríamos decir que aparte de muchas indigestiones mentales y varios nudos en el corazón, no conseguí gran cosa.

Pero hubo una tormenta, una de esas que destroza las velas y hace astillas el sólido barco en el crees navegar a salvo. Ni todo el ron guardado en las bodegas puede hacer que te olvides de ella porque está ahí, sacudiendo tu cuerpo sin piedad día a día, sisándote la salud, la ilusión y la esperanza en un futuro a la vista. Es inevitable pensar, mientras estás entre las fauces de esa tormenta de nombre terrible, que quizás ya no te queden muchos más viajes que hacer ni muchas otras aventuras maravillosas que correr. Ese es el momento de elegir, justo ese.

Y yo elegí ponerme un parche en el ojo y comprarme un catalejo que solo me permitiera ver esperanza, sonrisas y buenas intenciones a mi alrededor. Decidí volverme hacia dentro y buscar asideros que me mantuvieran en la brecha, peleando como el temido bucanero que debo ser. No hay más tripulación que yo y voy surcando la vida de otra manera, a mi manera.

Ya no veo los telediarios ni compro el periódico, pero tengo en casa un loro que me repite cien veces al día que me voy a poner bien, que voy a ganar la batalla. Ahora no permito que los confines de mi mundo se alejen demasiado, ni que se oscurezcan, y empuño mi espada de optimismo contra cualquiera que me lleve la contraria pintándome un futuro poco halagüeño.

Llegaré a buen puerto y habrá un tesoro esperándome, estoy seguro. Es lo que debo creer hasta que pase la tormenta, se calme el oleaje y vuelva a navegar con el viento a favor.

Quizás sí, quizás tengan razón mis amigos y sea un pirata del siglo XXI.

Julia C.  

Código 1605037416313
Fecha 03-may-2016 19:02 UTC
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