sábado, 21 de febrero de 2015

Cuestión de actitud

fin-mundo


Hacía mucho que lo sabían. La tecnología de que disponían era muy avanzada, los cálculos muy precisos y no había ningún precedente de fallo en las predicciones realizadas con anterioridad.

Fue muy duro dar la noticia a la población y lo demoraron cuanto pudieron, pero una vez seguros no hubo más razones para postponer lo inevitable y tenían derecho a saber: el fin del mundo estaba próximo.

A pesar de ser una sociedad muy desarrollada no todos los conciudadanos estaban tan maduros y en completa paz interior como para aceptarlo con naturalidad, pero había un cierto tiempo para ayudarles, es lo único que podían ofrecerles ya. Por esa razón se habilitaron miles de gabinetes psicológicos en todo el planeta, se abrieron las puertas de modo gratuito a cada centro de relajación y bienestar disponible y se hizo todo lo posible para que la meditación y el conocimiento pleno fueran accesibles a todos sin excepción. Al fin y a la postre no había motivos para racionar dinero o recursos públicos pues nadie iba a sobrevivir.

A nivel particular los habitantes de ese planeta enfermo y con fecha de caducidad también hicieron algunos preparativos para la despedida. Ya habían pasado por la huida del desastre ecológico definitivo en muchas ocasiones, en muchos otros planetas, y al llegar a la Tierra habían decidido por unanimidad que no la abandonarían nunca. Estaban cansados de esquivar al destino y faltos de fuerzas, así que aunque procurarían sobrevivir a toda costa, aceptarían lo que tuviera que venir sin buscar destinos alternativos. Fue la aceptación libre y voluntaria de esa realidad la que les confirió a su existencia lo valioso de todo aquello que se sabe precioso y efímero.

En cuanto la noticia fue de dominio público se dispensó a todos los trabajadores de acudir a sus puestos. La tecnología de que disponían y los voluntarios, que no faltaron, podían encargarse de que todo funcionara correctamente el tiempo necesario y se consideró mucho más provechoso que las personas pasaran el tiempo con sus familias, o acudiendo a los centros de relajación, o haciendo esas pequeñas cosas que habían estado postponiendo y que no tendrían más oportunidad de llevar a cabo. Incluso hubo familias que se reunieron al completo después de años.

Fueron días muy animados en todo el planeta, como un domingo prolongado por dos semanas. Había algunos que estaban tristes, pero la mayoría disfrutaban de su tiempo sacando lo mejor de sí mismos para marcharse con sensaciones positivas en su corazón.

Cuando lo inevitable llegó, estaban en paz con la Humanidad y con el Planeta.

-         ¿Y ya está?
-         Sí, ya está.
-         Bah, eso son tonterías, los humanos no somos así. Nos habríamos puesto enfermos de desesperación, habríamos intentado sobrevivir aún a costa de pisar al vecino, habría habido robos, vandalismo, habríamos destrozado el planeta con nuestras propias manos incluso antes del Final Verdadero.
-         Quizás tengas razón. Por eso es un cuento… Te dejo a ti la moraleja, pero creo que ya casi la has descubierto.

Julia C. Cambil

Código: 1505013989896
Fecha 01-may-2015 2:30 UTC
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