martes, 19 de mayo de 2015

Rosa Blanca - 1896 - Reencuentro - Julia C. y Laura Mir

Para leer la cuarta parte pincha Aquí
 
1896 (Reencuentro) - Parte V

Al principio todo fue confusión y desconcierto, desasosiego y un no entender que las golpeó como una ola en plena tormenta. Se miraban a los ojos buscando unas respuestas que ambas desconocían y luego contemplaban sus reflejos en la gran luna de espejo del vestidor, atisbando ya la verdad.


Eran hermanas, de eso no había duda: idéntica edad, la misma marca de nacimiento en la espalda, estaturas y complexiones muy similares y aquel verde en los ojos que a nadie podía pasar desapercibido. Cierto que Blanca era mucho más hermosa que Rosa, pero ahí estaban los rasgos comunes.


Rosa encargó té a una de sus ayudantes y se encerró en el gabinete con su recién descubierta hermana. Se contaron sus vidas, se tocaron sintiendo un calor que siempre habían echado en falta y se sonrieron con una dulzura que hasta ahora no habían dejado aflorar con nadie más. Las horas pasaron raudas y llegó la hora de despedirse, cosa que hicieron con un gran abrazo en privado y una fórmula apenas cortés en público. 


No sabían por qué no se habían criado juntas, ni si sus respectivas familias estaban al tanto de la existencia de la otra. ¿Sería su verdadera madre alguna de las mujeres a las que siempre habían llamado así o quizás fue otra quien las alumbró a ambas? Un incómodo enjambre de preguntas les ocupaba la cabeza y las mantenía distraídas de sus quehaceres aquellos días. 


Blanca y Rosa continuaron viéndose y conociéndose mejor, y cada una por su cuenta, trataron de esclarecer el misterio de su existencia. Poco o nada llegaron a descubrir, salvo que Rosa efectivamente era adoptada y que llegó a la vida de sus padres siendo un bebé de apenas días. De dónde procedía seguía siendo un misterio. Aceptaron la incertidumbre porque no les quedaba más remedio y porque no querían herir innecesariamente a sus familias, pero siempre querrían saber más.


Blanca presentó a su hermana en sus círculos como a una querida y reciente amiga, habilidosa por demás con la aguja, dándole así acceso a su exclusivo mundo. A cambio Rosa le dio todo el cariño femenino que ella había echado en falta por la pronta y triste desaparición de la que ella siempre había considerado su madre. Ambas parecían felices y se sentían plenas. 


Los acontecimientos siguieron su curso durante aquella cálida estación y llegaron cambios y sorpresas para todos: inesperadamente, como lo más natural del mundo, un amor tierno y sincero nació entre Rosa y Guillermo.


Ninguno de los dos lo buscó y mucho menos lo deseaba, pero entre largos paseos por los jardines, frecuentes bailes de salón en la mansión del marqués y deliciosos picnics en la campiña, fueron aflorando afinidades imprevistas y sonrisas cómplices que a duras penas podían ocultarse. Pocas veces se quedaban a solas y apenas durante unos minutos, pero estas escasas ocasiones fueron suficientes para que los latidos desbocados de sus corazones confirmaran lo que ya sospechaban. Ellos dos se amaban, y no había consideración hacia Blanca que pudiera evitarlo.


Podía haber sido un problema, pero lo cierto es que Blanca nunca había amado a su prometido y lejos de sentir celos o interponerse, los alentó desde la más entrañable generosidad. 


Un compromiso podía concertarse, pero también anularse…

Continuará... 

Julia C.  

Puedes leer la continuación Aquí

Código: 1505194128411
Fecha 19-may-2015 17:36 UTC
Licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0