viernes, 29 de abril de 2016

Los refranes de mi vida: Fernando M.



En esta nueva entrega de “Los refranes de mi vida” viene a visitarnos como invitado y desinteresado colaborador Fernando M. (en otro tiempo Ragnar Lothbrok). La verdad es que no se hizo de rogar, ni siquiera tuve que pedírselo. Buen compañero y generoso bloguero, sabedor seguramente de que tenía mucho que ofrecer en cuanto al tema de esta sección, los refranes, se presentó voluntario. ¡Le debo una! 

Los que ya le conocemos disfrutamos hace tiempo del estupendo trabajo que hace en su blog “Apócrifos y Compulsivos”, pero si tú aún no has tenido esa suerte, te dejo el enlace. 

Fernando no escribe muy a menudo, es un hombre ocupado, pero he ahí que cuando lo hace, como suele decirse, sube el pan. No sabría cómo definir su estilo, supongo que precisamente porque es incatalogable, pero sus relatos y microrrelatos están salpicados de fresca originalidad, inteligencia, ironía fina, ternura desbordante, amor apasionado, afilada crítica, imaginación o humor fuera de todo patrón. A veces, incluso, nos regala un poema, y también llevará su sello inconfundible, no lo dudes. 

No voy a seguir porque tengo la sensación de que estará a punto del rubor, pero no te quepa duda de que si le visitas una vez, no será la última. 

Ahora os dejo con él y los refranes de su vida. 

¡Gracias, Fernando! 

*  *  *  *  *  *  *




Decía Antonio Machado: “Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla”. Yo crecí en una España en la que todavía la televisión era en blanco y negro y solo había dos canales. El mando a distancia de la televisión era yo: “Niño, ponme el UHF”. Y el niño iba y le daba al botón. “Niño, pon el telediario”. Y el niño iba y ponía el telediario. 

Uno de los recuerdos que han quedado más grabados en mi memoria son las coplas que cantaba mi madre mientras cosía o cocinaba o lo que quiera que hiciera y cuya entonación y elección dependían muy mucho de su estado de ánimo. Coplas hay para todos los gustos y debo decir que me encantan. Son como los tangos, pero en cañí.

Y cómo no, siendo español e hijo de una madrileña y un andaluz, el acervo cultural y antropológico derivado de tan particular mixtura tenía un especial reflejo en los dichos, máximas, sentencias y refranes que yo escuchaba por casa.

Son muchos, pero los que yo más recuerdo (porque los repito) son: 

“Madre, me toca Roque. Pues tócame Roque” 

Expresión que viene a significar que aunque te quejas de que, por ejemplo, tu hermano te está molestando, a ti te encanta tocarle las narices para seguirte quejando. Una variante que también escuchaba mucho era: 

“Vuelve la burra al trigo” 

Expresión que denotaba el hartazgo de mi madre cuando le pedía muchas veces que me diera o hiciera algo a lo que ella se había negado igual número de veces. 

Otros refranes que se escuchaban en mi casa, siempre en circunstancias poco amistosas con algún semejante de puertas para fuera eran: 

“A cada cerdo le llega su San Martín”

que alude a la fecha en la que tradicionalmente se celebran las matanzas de gorrinos o,

“Siéntate a la puerta de tu casa y verás el cadáver de tu enemigo pasar”

que no necesita de mayores explicaciones.  

 Una que me hacía particular gracia era:

“No digas nunca de este agua no beberé, ni este cura no es mi padre”

Cuya última aseveración tuve que esperar a ser algo más mayor para comprender en todo su significado. 

Por último, y para no extenderme de tal manera que Julia, quien con tanto acierto ha propuesto esta recuperación de nuestra memoria colectiva, tenga que clausurar la sección por consunción, haré referencia a una expresión muy descriptiva y que viene de mi rama andaluza: 

“Es más largo que una meá cuesta abajo”

Para los que no estén hechos al maravilloso acento andaluz, léase meada donde se pronuncia meá. 

Y eso es todo. Gracias, Julia, por esta sección que tanto provecho y divertimento nos va a proporcionar.

Fernando M.
( o Ragnar Lothbrok)

Código 1604297345265
Fecha 29-abr-2016 9:21 UTC
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