miércoles, 15 de junio de 2016

Aprendiendo Amor



Este relato ha sido escrito para la Comunidad “Relatos Compulsivos”, obteniendo el segundo puesto en la clasificación para el reto de esa semana. Al final del texto figura el escaparate obtenido como premio.



Aprendiendo Amor

Se conocieron por pura casualidad, como suelen suceder siempre las cosas importantes de la vida. Ella era estudiante de segundo de besos y él, notablemente mayor, cursaba un master en caricias. No importaron ni la diferencia de edad ni la de destrezas, porque saltaba a la vista de quien quisiera observarlos que estaban hechos el uno para el otro. A pesar de todo no hubo flechazos en pleno corazón ni urgencias del cuerpo; la luz se fue filtrando con amable candidez por los recovecos de su complicidad, hasta hacerla incandescente, y entonces, solo entonces, florecieron semanas y meses de amor burbujeante y plenitud del alma.

Más tarde, con el inclemente discurrir del tiempo y acechando sibilina la rutina, quedó claro que no eran iguales en todo. Sus rumbos comenzaron a divergir igual que, hojas del calendario atrás, se habían atraído con magnético encanto. Mientras que ella conservaba la ilusión intacta y ponía cuerpo y mente al servicio del aprendizaje amoroso, él, que ya se consideraba maestro, perdió el interés por la práctica del arte que los había constituido en pareja. Vinieron la autocomplacencia de uno y la frustración de la otra, y no hubo palabras capaces de obviar el desidioso abismo que los engullía sin remedio.

Hoy celebran un triste aniversario en el que no quedan ni latidos presurosos, ni rubores compartidos, ni festines de la piel. Hoy todas las diferencias se hicieron mayores de edad y gritan a pleno pulmón que es inevitable la separación, que no se puede corregir la trayectoria de un destino feliz que solo era estrella fugaz.

Julia C.