jueves, 1 de junio de 2017

¡Maldita Primavera!



Relato aportado a la Comunidad Literaria "Escribiendo que es Gerundio" con motivo de su reto quincenal (fuera de concurso).

Helia, a sus quince años, no solía prestar atención a fechas ni a horarios. Sin embargo recordó que habían dicho en el telediario de la noche anterior, mientras cenaba, que ese día estrenaban estación: los plazos se cumplían inexorablemente y llegaba, un año más, la primavera.

Frunció el ceño al recordarlo y de buena gana se hubiera quedado en la cama toda la jornada, pero no tuvo más remedio que arriesgarse y abrir de par en par la ventana de su dormitorio. Los malos tragos hay que pasarlos cuanto antes y menudo enfado pillaría su madre si no ventilaba bien la habitación. Confiaba esperanzada en un fallo del pronóstico, como tantas veces ocurría con la meteorología; no tuvo suerte. 


 Un glorioso derroche de luz, brillante y limpia como una piedra multifacetada, debutó ante sus ojos solo para fastidiarla. El sol, alto en el cielo de la mañana, caía sobre cada color acentuándolo, haciéndolo más nítido y vivo. Eso por no mencionar que las flores de las macetas en los balcones, hasta hacía bien poco moribundas, habían resucitado milagrosamente. Incluso olía diferente. Algo en el aire traía notas vibrantes y llenas de vida. Supo que tendría que olvidarse por una temporada de la lobreguez, del olor a tierra mojada y de las hojas marchitas pudriéndose en el suelo.

Para ella todo aquello era un desperdicio que a buen seguro consumía inestimables recursos de la Naturaleza y, de paso, agotaba su paciencia. Era como si alguien hubiera decidido dejar encendida una bombilla enorme durante meses. ¡Cuánto mejor no se vivía en el invierno, todo fría y húmeda penumbra que adormecía los sentidos e invitaba al sueño prolongado, incluso eterno!

Claro que ella era gótica, a pesar de “cargar” con un nombre como el suyo… Una desafortunada ocurrencia de su madre, sin duda.

Julia C.