martes, 20 de enero de 2015

Carmín

besos-carmín
Bésame o no me beses, pero no me manches. Pídeme permiso o hazlo por sorpresa, pero que no queden rastros.

Tal era su fobia por el carmín que ni disfrutar los rojos besos podía.

Tal era mi fetichismo por el citado cosmético que como no pude renunciar a él, tuve que renunciar al hombre.


(A Pedro, que con su inagotable sentido del humor, sin pretenderlo, me dio la idea para esta historia)