domingo, 5 de abril de 2015

La historia de Nena Blonde (partes I y II)

El asesinato


Las ondas doradas se derramaban sobre la almohada ejerciendo un efecto hipnótico sobre Martínez, que parecía incapaz de apartar la mirada. Ni el revuelo de gabardinas y uniformes a su alrededor ni el intenso olor acre de la sangre parecían suficiente estímulo para sacarle del trance. Siempre había tenido esa peculiaridad, la de quedar atrapado por las pocas cosas hermosas que podían quedar en el escenario de un crimen.

Pero la realidad siempre acababa por imponerse y tuvo que abandonar aquel paraíso oxigenado para regresar a la sucia habitación de motel donde trabajaban esa medianoche.

-         Magdalena Álvarez, de nombre artístico Nena Blonde, le informó su ayudante libreta en mano. Ha sido una identificación sencilla, jefe, la ciudad está empapelada con su cara.

Plantados ambos delante de aquel revoltijo de sábanas, sangre y curvas de mujer, costaba mucho imaginarse a la cantante en sus buenos momentos encima de un escenario

- ¿Qué más sabemos? ¿Por qué estaba en este cuartucho y no en su hotel de   siempre? ¿Dónde está ese tipejo que le hacía las veces de amante y representante?
-         ¿Rufus Ortega? Ni idea, no le encuentran por ningún lado. Volatilizado.
-         ¿Sabemos al menos a nombre de quién está la habitación?
-         Tobías Moss, un trompetista de tres al cuarto que andaba incordiando con sus ensayos a los demás huéspedes. Tampoco le encontramos.
-         Menudo rompecabezas de mierda.
-         Ya le digo, jefe.
-         ¿Qué dice el forense sobre la causa de la muerte?
-         Aquí viene lo mejor: la sangre no es de ella, murió asfixiada hace como dos horas, pero no hay marcas de estrangulamiento. Con la almohada quizás.
-         Feo final para la diva de suburbio.

Apenas había terminado de decir estas palabras cuando un oficial uniformado llegó con novedades: ¡¡Inspector, Nena Blonde está actuando en la Sala de Fiestas Galaxy, y le aseguro que está vivita y coleando!!

-         Que me aspen si entiendo algo, contestó Martínez mientras se giraba en redondo hacia la puerta de salida y la atravesaba como una exhalación. Su ayudante le siguió tan pronto como fue capaz de reaccionar. 

Magdalena-Carlota


II
                                           
Magdalena y Carlota nacieron idénticas en lo físico, pero con suertes muy diferentes. La primera, con esfuerzo y mucho sacrificio, había triunfado como artista; la otra, después de ir dando traspiés por la vida unos años, se conformó con hacerle de doble a su hermana cuando la situación lo requería y con comer de las migajas que ésta le daba. Poco talento y menos seso no era una combinación ganadora, así que renunció a toda identidad propia y se convirtió en una sombra de recambio para Nena. Eso hasta que conoció a Tobías, con una existencia tan penosa como la suya pero mucho más ambicioso.

El acuerdo funcionó más o menos bien para todos hasta que en uno de esos giros que a veces toma la vida, Magdalena quedó inesperadamente embarazada. Y no era un embarazo cualquiera, dos criaturas que no le daban tregua con las nauseas, los mareos y el malestar general estaban en camino. A no mucho tardar deformarían su cuerpo obligándola a interrumpir la gira y a retirarse, al menos temporalmente, de los escenarios. Una catástrofe en toda regla que solo Carlota y una buena ración de suerte podían remediar.

Así fue que cada vez más a menudo en aquellos días era Carlota quien acudía a las fiestas y saraos del brazo de Rufus, quien daba entrevistas para los reporteros del corazón y quien actuaba exigiendo play back por supuestos catarros pasajeros. Poco a poco se fue creyendo la protagonista de la vida de su hermana, e instigada por Tobías, demandando más y más dinero por hacer su papel en aquella farsa monumental. Magdalena y Rufus transigieron con todo, tanto era lo que se jugaban, pero la situación se iba haciendo más tensa y difícil cada día.

Una madrugada, en el cuarto mes de gestación para la artista, la fortuna hizo un nuevo requiebro y cambió de parecer: Magdalena amaneció con fuertes dolores en el vientre y una hemorragia considerable. El embarazo se había malogrado al tiempo que su suerte se enderezaba. Triste pero también aliviada ocultó como pudo el suceso con la complicidad de los implicados y puso todo su empeño en recuperarse y en retomar su vida. Como no podía ser de otro modo y vueltas las cosas a la normalidad, pretendió expulsar a Carlota de nuevo a su papel secundario lejos de ella y de los hoteles de lujo. No más sesiones de peluquería y manicura a diario, no más vestidos nuevos, no más flashes y glamour a cada paso.

Fue un error pensar que Carlota, y sobre todo Tobías, iban a renunciar al suculento pastel del que habían estado disfrutando y que volverían sin rechistar a su mísera existencia de antes.

Continuará...  

(para leer el desenlace en las partes III y IV pincha aquí


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