domingo, 27 de septiembre de 2015

Una chica de saloon

chica-saloon


Sus viejos y cansados huesos agradecían el sol del atardecer, por eso solía sentarse en la mecedora del porche al caer la tarde. Era el momento en que invariablemente, acompañado por el crujir de la madera que protestaba con cada balanceo, recordaba al amor de su vida

Lula era la chica más bonita de todo el saloon, y también la más solicitada. Sus piernas perfectamente torneadas, su sonrisa de ángel travieso y su brillante melena pelirroja la convertían en una mujer terriblemente atractiva. Ciertamente no era la que mejor bailaba de todo el coro, pero como él no le prestaba atención más que a ella, no podía percibir que con frecuencia perdía el paso con respecto a sus compañeras. No importaba, con ella en el escenario el espectáculo siempre era perfecto.

Tardó un tiempo en atreverse a hablarle porque no se sentía digno, pero como vio que ella era amigable y sonreía a todo el que se le acercaba, acabó por decidirse. Tomaron juntos un whisky y charlaron de cosas intrascendentes, todo iba bien, pero cuando él la invitó a pasear al día siguiente, ella lo miró con desdén y le contestó “prueba a pedírmelo cuando no seas un don nadie”. Su cálida sonrisa de eterno carmín se esfumó al instante y con un gesto despectivo se dio media vuelta y se marchó.

Aquellas palabras y su actitud le hirieron profundamente, pero lejos de abrirle los ojos respecto al tipo de mujer que era Lula, le infundieron la determinación y la ambición que nunca antes había sentido. Fue por eso y solo por eso que se hizo buscador de oro.

Sabía que no era una apuesta fácil y que podía fracasar, pero estaba convencido de que no le pasaría eso a él. Invirtió sus ahorros en los preparativos y dedicó los siguientes cinco años de su vida a probar suerte. Trabajaba muy duro, pero la ensoñación de tener a aquella mujer entre sus brazos, rendida de amor por él, le daba la fuerza necesaria para proseguir sin descanso.

Y acabó por tener fortuna, ya lo creo. Encontró el oro suficiente para ofrecerle a Lula un rancho donde vivir y una posición económica desahogada. Con esas intenciones volvió a buscarla.

Las cosas habían cambiado mucho en Moon City, que ahora era un pueblo grande y aparentemente próspero; podía sentirse el bullicio y el dinero animando los nuevos comercios y tabernas. Preguntó por ella en el saloon donde solía trabajar, pero le dijeron que tuvo que marcharse, por lo del accidente. Aún le costó invitar a un par de copas más a aquel anciano para conocer la historia completa.

Al parecer una noche dos hombres se pelearon por Lula, ella había estado coqueteando descaradamente con ambos, y en la refriega, accidentalmente, salió herida. La botella rota empuñada por uno de los pretendientes rozó su cara marcándola de forma terrible. Por eso el dueño no la quería allí, ahora había mucha competencia y su rostro desfigurado desanimaba a los clientes a entrar. Se había mudado y trabajaba en el burdel a las afueras del pueblo.

Sintió un tremendo pesar por la suerte que había corrido Lula, y lejos de desanimarse, sus deseos de reconfortarla y cuidarla se afianzaron.

Observando los últimos rayos de sol con los ojos entornados le pareció volver a oír las palabras de la mujer cuando le propuso matrimonio “gracias por la oferta, pero yo soy y siempre seré una chica se saloon”.

No se quedó lo suficiente para ver las lágrimas rodar por sus mejillas llenas de cicatrices.

No había duda, aquella era una historia del Salvaje Oeste.

Julia C. 

Código 1509275244113
Fecha 27-sep-2015 10:35 UTC
Licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0