lunes, 11 de abril de 2016

Malena es nombre de mujer (XVI)



No era una mala propuesta, todo lo contrario, pero aceptarla hubiera supuesto negarse a sí mismo tal y como había llegado a ser y renunciar al valor de todo lo conseguido en ese tiempo de separación. No, no volvería a casa para hacerse cargo de los negocios familiares y ser la mano derecha de Jonás. Por otra parte atravesaba un esperanzador pero delicado momento con Malena y no quería añadir más motivos de conflicto proponiéndole que se mudaran, junto con su hija, a su antigua residencia familiar. Lo cierto es que ni en el mejor de sus sueños podía imaginar que Malena aceptara. Había que ir despacio, dando un paso tras otro si quería que las cosas volvieran a funcionar entre ellos. No se negaba categóricamente a nada, ayudaría a su padre si alguna vez lo necesitaba, pero no renunciaría a la vida que se había construido con tanto esfuerzo para vivir la que él le había inventado a medida.

Tonio fue tan suave y comedido como pudo a la hora de expresarle su opinión a Jonás, no quería herirle, pero el ceño fruncido de éste indicaba que no se lo estaba tomando muy bien. Pensativo dejó escapar perezosas algunas volutas de humo de su habano e inspiró profundamente antes de contestar a su hijo. La expresión de su arrugada cara se había endurecido.

Tonio lo escuchó asombrado, tratando de comprenderle e incluso de compadecerle, incrédulo, pero no encontraba justificación suficiente a su mezquindad en la tremenda soledad que padecía su padre. Ahora fue él quien hizo algo más que fruncir el ceño. Se levantó enérgicamente de la mullida butaca como impulsado por un resorte, levantó la mano hacia su padre interrumpiendo su discurso y le dedicó una mirada salpicada de rabia. Allí estaba Jonás en estado puro, manipulador y egoísta hasta el final, incapaz de querer más allá de sus propios intereses.

Salió de la habitación y de la casa conteniendo las ganas de dar un portazo. El respeto al recuerdo de su madre entre esas paredes es lo único que lo impidió.

Tonio se puso al volante de su coche y condujo sin rumbo fijo para serenarse. Las palabras de su padre le habían alterado profundamente y aunque quisiera pensar que no le importaban, lo cierto es que dolían muy adentro. ¿Cómo se atrevía a decirle que Elisa estaría mejor con él que con sus propios progenitores? Le echó en cara despreciativamente que él era un exconvicto y Malena una chica de barrio cualquiera sin formación y cargando sobre las espaldas un pasado turbio. El era su abuelo, alguien respetable en la comunidad que podía ofrecerle un buen futuro y todas las comodidades que merecía por llevar su apellido y ser sangre de su sangre.

¿Cómo podía ser Jonás tan rastrero? ¿Cómo podía haberle engañado tan fácilmente escudándose tras falsos deseos de reconciliación? Quedaba claro que no era el anciano bienintencionado y desvalido que él había pensado; conservaba intactas sus maneras de mafioso al uso. Incluso llegó a ofrecerle dinero si le entregaba a la niña y se prestaba a hacerla pasar por una huérfana en acogida bajo su tutela. El la educaría como era debido “lejos de su perniciosa influencia”.

Llegado a ese punto, mientras rememoraba las locas pretensiones de su padre, Tonio no pudo evitar sonreír. Antes de lograr sus propósitos Jonás tendría que vérselas cara a cara con una Malena furiosa, muy furiosa; quizás no había calibrado bien el carácter de su chica. Luego se le heló la sonrisa en los labios con un mal presentimiento y giró el volante bruscamente a la derecha, directo a la zona este de la ciudad. Quizás Jonás no estaba pensando en tratos, sino en hacer las cosas por la fuerza. Debía prevenir a Malena y asegurarse de que su hija estaría bien.

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Había dejado de beber, al menos en público, y volvía a ser el hombre responsable, aseado y atractivo de antaño, aunque las oscuras ojeras que enmarcaban sus hermosos ojos castaños y los tics nerviosos que había desarrollado denotaran que no estaba tan bien como debía.

Volvió al trabajo junto a Tonio, como había prometido, aunque ya nada era igual entre ellos. Su amigo y Malena, cada uno a su manera, trataban de apoyarle y ayudarle esperando que las cosas, y sobre todo sus sentimientos, volvieran a su cauce. Pero quien realmente consiguió centrarle de nuevo y darle un propósito en la vida fue Jonás. Marcos se había convertido en su plan B si la charla con Tonio no daba los resultados deseados, como así había sucedido.

No fue difícil convencerle pues nada de lo relacionado con el entorno de su hijo le era ajeno a Jonás y sabía que Marcos atravesaba un momento de gran vulnerabilidad. Le bastó manejar un poco los envenenados hilos, ofrecerle un cauce para su venganza y la oscura trama se puso en marcha sin más obstáculos. Un apretón de manos a escondidas en un sucio callejón y un abultado sobre bastaron para cerrar el trato entre ellos, sellando así el destino de la pequeña Elisa.

De cuánta ironía hacía gala a veces la vida, pensaba el anciano mientras de alejaba acomodado en el asiento trasero de un discreto vehículo negro: el bondadoso y siempre sereno muchacho se había convertido, con su ayuda, en la serpiente traidora que mordería el cuello de quienes más le querían…

Julia C.

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Código 1604117200842
Fecha 11-abr-2016 8:16 UTC
Licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0
 

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