domingo, 17 de abril de 2016

Malena es nombre de mujer (XVII)



A Malena le pareció una gran idea y le hizo mucha ilusión que Marcos quisiera pasar a visitarlas a Elisa y a ella. No había mostrado un excesivo interés por la niña las pocas ocasiones en que la había visto, pero era normal dada su situación. Por eso aquello le pareció una buena señal. Quizás estaba superando su dolor por la muerte de Gloria y se preparaba para abrirse de nuevo al mundo tras tantas semanas de ensimismamiento y tristeza. Confiaba en que la pequeña Elisa, capaz de cautivar el corazón de cualquiera con su sonrisa pícara y su rollizo cuerpecito de bebé, hiciera las cosas más fáciles.

La joven madre le estaba muy agradecida a Marcos por todo lo que había hecho por ella. No olvidaba que le había brindado su apoyo incondicional mientras Tonio estaba en la cárcel y la soledad era su única compañía, ni que había sido precisamente él quien la llevó al hospital cuando se puso de parto. Ahora era su turno de ayudarle y no escatimaría esfuerzos.

A pesar de estar tan atareada con el cuidado de la pequeña se esmeró en preparar el único dulce que se le daba realmente bien, la tarta de manzana, y dispuso una humeante cafetera para acompañarla. Le ofrecería a su amigo una tarde distendida y hablarían de cualquier cosa que a él le apeteciera, incluso intentaría que a partir de ese momento la relación fuera más fluida entre ellos. Marcos era una buena persona que lo había pasado muy mal y merecía todo su cariño. Además, ella estaba algo nerviosa y tampoco le vendría mal una tarde de distracción. Resultaba agotador estar siempre alerta y mirar por encima del hombro de continuo esperando encontrarse a algún esbirro de Jonás con malas intenciones. Volvía a temblar cada vez que recordaba las advertencias de Tonio al respecto. Ella no conocía a Jonás, pero si su hijo decía que debía tener cuidado, así debía ser. Elisa era su vida y si algo llegaba a pasarle no sabía qué sería de ella.

Un ligero golpear de nudillos sobre la madera sacó a Malena de sus cavilaciones y fue de inmediato, con la sonrisa en los labios, a abrir la puerta. Lo que encontró al otro lado le pareció realmente desolador y dio al traste con todas sus ilusiones: Marcos parecía cualquier cosa menos el querido amigo que ella esperaba. Estaba demacrado, con el traje arrugado y olía claramente a alcohol. La mujer no entendía bien la situación, pero aún así trató de disimular y le hizo pasar con cordialidad. Las posibilidades de tener la tarde distendida que ella había planeado se esfumaban por momentos.

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El plan de Jonás parecía arriesgado, pero era la solución a sus problemas. Si no iba a tener el beneplácito de Tonio para criar a Elisa y convertirla en su heredera, tenía que buscar la forma de hacerse con ella por las malas pero sin que recayera sospecha alguna sobre él. Por eso necesitaba a Marcos. Le utilizaría para liberar a la pequeña del funesto futuro que le auguraba bajo la tutela de sus padres, la mantendría alejada de ellos, en otro país, y cuando las cosas se calmaran, ya encontraría la forma de traerla de vuelta. Lo más importante es que la dieran por muerta para que no insistieran en su búsqueda; sabía que la cabezonería y tenacidad de su hijo podían lograr casi cualquier cosa si se lo proponía y no pensaba darle motivos. Era importante que ni Malena ni él albergaran esperanza alguna de recuperarla.

Por supuesto no era esto lo que le había contado a su cómplice. Jonás pensó que no tendría los redaños suficientes como para colaborar con él hasta el final, así que decidió “protegerle” de la verdad. A cambio le dio una versión edulcorada, le aseguró que nadie saldría perjudicado más allá de “aprender la lección” y le dio dinero para que se marchara una temporada cuando todo hubiera acabado. Si saldaba sus cuentas con Tonio y se alejaba de aquel ambiente un tiempo, encontraría la paz perdida, le aseguró.

El pobre muchacho, con el juicio alterado por la rabia y las muchas noches de insomnio, se dejó convencer.

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Marcos miraba a Malena a través de una nebulosa de tristeza, remordimientos y alcohol. Hacía tiempo que no bebía, pero esa tarde había necesitado unas cuantas copas para infundirse el valor necesario. En un estado de ánimo inusualmente desinhibido se descubrió pensando que Malena seguía tan tentadora y hermosa como siempre. Quizás había ganado algo de peso, o quizás es que la forma de su cuerpo había cambiado después del parto, pero sin duda aquellas curvas, más pronunciadas ahora, le sentaban muy bien. No podía dejar de seguirla con la mirada, escondidos los ojos tras su caído flequillo, mientras ella iba y venía de la cocina y trataba de darle conversación.

Sabía que había ido allí con una misión que cumplir y que le iba mucho en ello, pero supuso que no pasaría nada por demorarse un poco en su cometido y disfrutar de la compañía. La mocosa de su hija, en cambio, no le llamaba la atención lo más mínimo; si acaso sentía algo por ella era desprecio. Entre otras ideas distorsionadas a Marcos se le había metido en la cabeza que la llegada de Elisa provocó que su hermana Gloria muriera. Un alma llega a este mundo, otra lo deja. Sí, esa pequeña zorra tenía la culpa de su soledad, pero no le haría nada malo. Es a su padre a quien quería ver sufrir y echarla de menos hasta perder la cabeza. Así sabría lo que se siente.

Julia C.

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Código 1604177251334
Fecha 17-abr-2016 19:06 UTC
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